EL OLOR DE LA GUAYABA GABRIEL GARCIA MARQUEZ PDF

Aracataca pareca un pueblo del lejano oeste, no slo por su tren, sus viejas casas de madera y sus hirvientes calles de polvo, sino tambin por sus mitos y leyendas. Hacia , cuando la United Fruit haba erigido sus campamentos en el corazn de las sombreadas plantaciones de banano, el pueblohaba conocido una era de esplendor y derroche. Corra el dinero a chorros. Segn se deca, mujeres desnudas bailaban la cumbia ante magnates que acercaban billetes al fuego para encender sus cigarros.

Author:Samulabar Zuluran
Country:Finland
Language:English (Spanish)
Genre:Finance
Published (Last):12 February 2018
Pages:199
PDF File Size:4.43 Mb
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ISBN:234-7-23204-203-1
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Periodista y novelista colombiano. En fue galardonado con el premio Nobel de Literatura. A fin de distanciarla de aquel pretendiente, Luisa fue enviada con su madre a un largo viaje por otras poblaciones y remotas ciudades de la costa. Las dos se abrazaron y rompieron a llorar al tiempo. Pero en la noche me causaba terror. No es que yo sea buen hijo, como se dice, ni mejor que cualquier otro, sino que siempre he considerado que esa llamada dominical forma parte de la seriedad de nuestras relaciones.

El esfuerzo es constante, e inclusive agotador muchas veces, pero vale la pena. Esto, por supuesto, me lleva mucho tiempo, pero lo encuentro siempre, porque es mi tiempo esencial. Todo se ma-neja con cuatro cabezas. Son como dos amigos nuestros, pero criados por nosotros mismos. Pero si son demasiado grandes no los consulto con nadie.

De modo que me los trago solo. Cuando estaba comenzando, cuando estaba descubriendo el oficio, era un acto alborozado, casi irresponsable. Con el tiempo el acto de escribir se ha vuelto un sufrimiento. Bajar, o tratar de bajar discretamente, con la mayor dignidad posible. En otros escritores, creo, un libro nace de una idea, de un concepto. Yo siempre parto de una imagen. La hojarasca es un viejo que lleva a su nieto a un entierro. El punto de partida de El coronel no tiene quien le escriba es la imagen de un hombre esperando una lancha en el mercado de Barranquilla.

La esperaba con una especie de silenciosa zozobra. Puedo gastar hasta quinientas hojas para escribir un cuento de doce. En general, creo que se escribe mejor cuando se dispone en todo sentido de condiciones confortables. Cuando estoy escribiendo una cosa, hablo mucho de ella. Una manera de orientarme en la oscuridad. Por la noche, un poco de alcohol y buenos amigos para conversar. Siempre tengo la necesidad de estar en contacto con la gente de la calle y bien enterado de la actualidad.

Dentro de la mayor arbitrariedad aparente, hay leyes. Lo hemos hablado alguna vez. Por eso lo trabajo tan poco. En el curso del libro ocurren cosas imprevisibles. La moral de mi dictador se explicaba muy bien por ciertas costumbres de los elefantes.

La realidad que se maneja en una novela es diferente a la realidad de la vida, aunque se apoye en ella. A este respecto suelo siempre citar al explorador norteamericano F. En Comodoro Rivadavia, en el extremo sur de Argentina, vientos del polo se llevaron por los aires un circo entero. Remedios la Bella sube al cielo. Mariposas, amarillas revolotean en torno a Mauricio Babilonia… -Todo ello tiene una base real. Y no hubo Dios que la parara.

Si no hubiese sido por Piedra y Cielo no estoy seguro de haberme convertido en escritor. Le sobraba el tiempo para escribir cuentos y beber ron con sus amigos en tumultuosas tabernas portuarias, esperando la hora del amanecer, cuando goletas de contrabandistas cargadas de putas zarpaban hacia las islas de Aruba y Curazao. Barrios y noches que no acababan nunca. Y tanto insistieron en la influencia de Faulkner, que durante un tiempo llegaron a convencerme.

Eso no me molesta, porque Faulkner es uno de los grandes novelistas de todos los tiempos. Por eso he dicho que mi problema no fue imitar a Faulkner, sino destruirlo. Son valores de superficie, que siempre he reconocido. O mejor, secretas. A leer novelas y a escribir. Influencias que han sido decisivas en tu obra. Tu abuela, por ejemplo. Tu madre, por ejemplo.

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«El olor de la guayaba» de Gabriel García Márquez et Plinio Apuleyo

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El Olor de la Guayaba: Conversaciones con Gabriel García Márquez

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